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Viajando desde casa (XII) Románico palentino

Esta entrada al igual que otras que iré editando estos días, la tenía preparada antes de que se decretara el Estado de Alarma por lo que ya no es posible viajar ni participar presencialmente de estos eventos pero ello no quita para hacerlo virtualmente desde casa.

El pasado año tuve la ocasión de viajar de paso por la ruta del románico palentino

Moarves de Ojeda

Bosque Fósil

http://www.cerveradepisuerga.eu/monumentos-detalle.php?idMonumento=11

https://www.arteguias.com/romanico_montana.htm

https://destinocastillayleon.es/index/ruta-norte-por-el-romanico-palentino/

http://www.turispain.com/blog/21-pueblos-de-palencia-para-amantes-del-romanico/

Guías

MªÁngeles Pozuelo

Publicado en Flores, plantas y árboles

Descubriendo plantas y árboles (LXXXI) Cornejo

Se trata de un árbol caducifolio originario del este de Norteamérica, concretamente de Maine, Kansas, Florida, Texas e Illinois. También encontramos una población en México oriental (Nuevo León y Veracruz). Su nombre científico es Cornus florida, pero se le conoce como cornejo florido o sanguiñuelo. Alcanza una altura de hasta 10 metros, algo para lo que puede tardar 20-25 años siempre y cuando las condiciones de cultivo sean las adecuadas.

La copa es ancha, y está formada por hojas opuestas, simples, ovales con puntas agudas, de 6-13cm de largo por 4-6cm de ancho, con el margen dentado (apenas es visible esta característica). Las flores se agrupan en inflorescencias con forma de umbela densa de color blanco o rosado. El fruto es una drupa de 10-15mm de largo por 8mm de ancho que madura a finales del verano.

https://www.jardineriaon.com/cornejo-florido.html

La foto que encabeza esta entrada fue tomada el pasado verano en Santoña (Cantabria) en el Parque del Palacio.

MªÁngeles Pozuelo

Publicado en Flores en la pintura y artesanía con flores, plantas y árboles, Hogar dulce hogar

En el Día de las Madres

Hoy no es un día especial por ser el Día de la Madre, sino por la parte que me toca en este escrito que ha hecho mi hija. Gracias.

MIS DOS MADRES

Mi madre solía presumir de lo bien que comían sus hijos. Yo adoraba las meriendas. Las meriendas eran un símbolo. Estábamos fuera de las lindes del colegio. Había batido de frutas con galletas. Juegos y canciones, vídeos caseros grabados con la cámara de mi padre. Recuerdo que queríamos hacer todo tipo de trucos con esa cámara. Poner un peluche, un conejo enorme y blanco, en el sofá, grabarlo, cortar la toma, quitarlo, y volver a grabar. Como si el conejo hubiese desaparecido por sus propios medios. Pobre conejo, que era blanco y acabó con las mejillas sonrosadas porque yo se las pinté. Cogí el pintalabios de mi madre y se las pinté.

Una madre, en los mejores casos, es como el mar. Tú te metes en su casa, en su corazón, en su memoria, aunque hayas estado haciendo el mal durante años, y ella te acoge.

Te abre sus brazos, sus puertas, sus aguas, y te acoge. Te quita el pelo de la cara, te sacude el polvo, te mira a los ojos, y con su don de ser humano superior, con su inmenso don, te observa como si no hubieras pecado. Como si acabaras de nacer y estuvieras limpio. Ella, que tiene la mirada de los ángeles, de los perros, de los pájaros, pura inocencia. Ella, que siempre estará ahí, a través de los mundos, después de muerta y de remuerta, para salvarte. Para darte un abrazo. Para recordarte que, pase lo que pase, tendrás el universo. A tus pies, hasta el final de tus días.

Ella, que es garantía de que existe el bien y lo bueno y lo mejor.

Todos esos asesinos reincidentes que aparecen en televisión, todos esos violadores crónicos y cronificados, acaban en la cárcel, claro. Al principio, si acaso, reciben alguna visita de amigos o de pareja. Pero con el tiempo, conforme pasan los años, y la condena se extiende, sólo las madres resisten.

Las madres, que probablemente no podrían ganar ni tan siquiera una media maratón; las madres, que tienen rotas las rodillas y la espalda y, a duras penas, podrían subir dos pisos de escaleras, resisten.

Aguantan la vergüenza de los barrotes, la mirada de los vecinos, sostienen el propio sentimiento de culpa, y marchan, domingo tras domingo, a la visita mensual. A ver a su hijo, que mira por donde mató, o violó, o hizo cualquier atrocidad digna de pena. Las madres, que con su don de ser humano superior, son capaces de perdonar, de seguir viendo al niño detrás del cuerpo del hombre.

Como en toda realidad, sin embargo, existen dos lados. Y hay un lado de madres de sombra, de huecos vacíos, de ausencias y abandonos.

Hay madres que, simplemente, no supieron hacerlo mejor. Puede que lo intentaran, quién sabe, puede que lucharan enormes batallas, puede que estuvieran poseídas por la coca o por el crack, la depresión o la esquizofrenia. En todo caso, no estuvieron ahí. No fueron como el mar, que nos acoge hasta en invierno.

A todas las personas que tuvieron madres de sombra, quiero decirles algo. Cuando, por lo que sea, falla la madre biológica y tambalea el linaje; cuando nos quedamos huérfanos, desnudos y fríos, hay una luz al fondo.

No hay nadie completamente solo bajo las estrellas.

Simplemente hay que cambiar de estrategia. Hay que elegir una montaña, un árbol, una playa, un bosque secreto, una cascada, un trozo de mundo, e ir ahí, religiosamente, todos los días, a hablarle. Y entonces ocurre una cosa extraña. Y es que a ésa montaña, a ése árbol, a ésa playa, en fin, a todo eso, le crecen manos de mujer. Ojos de mujer. Oídos de mujer.

Y eso que hemos escogido, se convierte en madre natural. Nos arrulla, nos consuela y, a su modo, nos ama.

Y, aunque aún nadie ha podido explicarlo, adquiere el don de ser humano superior. De esa manera, cuando hayamos metido la pata, cuando la hayamos cagado muy gorda, cuando no nos creamos dignos de respeto, podremos ir a nuestro pedazo de madre. Tocarle una rama, oler sus flores, sorber la nieve de sus cumbres, bañarnos en sus aguas, y redimirnos. La madre natural nos redime a todos. Las veces que haga falta. Ella, que se borra la memoria a posta para no recordar nuestras faltas. Ella, que nos mira por detrás de la piel, al fondo, que viaja al núcleo mismo de las cosas. Ella, que es garantía de que existe el bien y lo bueno y lo mejor.

Por fortuna, yo tengo dos madres. Hay gente que tiene dos madres. La biológica y la natural.

A la biológica quiero darle las gracias. Creo que decir “gracias” es más que decir “te quiero”. Decir gracias es, al final, reconocer. Reconocer sus noches en vela; reconocer su prudencia, su salud mental, su capacidad para superar los obstáculos, su creatividad, su optimismo; reconocer su cuerpo, que fue el mío, la cicatriz de su vientre; reconocer lo bien que lo hizo, lo genial que lo hizo, lo perfecto que lo hizo.

Gracias también a la madre natural. Gracias por estar viva, por acompañarme en los momentos en que no me soportaba. Gracias por los pájaros que se posaban en mis manos. Gracias por el soporte fuerte de la roca, por la caricia dulce del viento, gracias por las caminatas y las carreras. Sobre tu faz azul y verde y luminosa, centellean cometas.

Que mis dos madres, por siempre, queden protegidas. Que el Gobierno las declare Parque Natural.

Que las flores, los ríos, que el sol salga por ellas. Que, si me faltan, salga el sol. Que ellas, finalmente, sean el sol. Y brillen con el resplandor de las estrellas.

Con cariño para todas las madres y todas las personas que tienen madres,

Nuria

https://mujertaruk.wordpress.com/2020/05/03/mis-dos-madres/

P.D. La ilustración de la imagen destacada es obra de Lucía, la mujer detrás de Pinceladas Conscientes. Ella decidió crear un proyecto en el que compartir su arte y su amor por la pintura en profesión. ¿Puede una imagen saber a luz? Os invito a que veáis su trabajo en este enlace: https://www.pinceladasconscientes.com/

 

MªÁngeles Pozuelo

Publicado en Flores, plantas y árboles

Etnobotánica

Me he enganchado a la etnobotánica a raíz de leer curiosidades y usos de las plantas silvestres como en el caso de la Anchusa azúrea (foto que encabeza la entrada). Cada vez me resulta más interesante el conocimiento de nuestros antepasados sobre el uso tradicional de las plantas y su incorporación a la cocina.

De ella ya había hablado en “Creciendo entre Flores”

https://creciendoentreflores.wordpress.com/2018/05/18/descubriendo-plantas-y-arboles-v-anchusa-azurea/

La Anchusa azúrea se desarrolla como mala hierba en campos de cultivo de secano, mieses, viñas, etc.

Los brotes tiernos de primavera son utilizados como recurso alimenticio. Se consumen directamente guisados. En Sierra Mágina (Jaén) se consumían las raíces consideradas como un manjar. Se limpian bien de tierra, se pelan y se cortan longitudinalmente. Después se cuecen con agua y sal hasta que estén los suficientemente tiernas, se escurren, se rebozan en harina y huevo y se fríen.

En lo que a las flores se refiere, contienen una diminuta gota de néctar. Esas flores se consumían por los niños a modo de golosinas, de ahí su otro nombre “Chupamieles”(“Guía Etnobotánica de los alimentos locales recolectados en la provincia de Albacete”).

La contribución de la etnobotánica

Desde el nacimiento de la etnobotánica como disciplina académica, los investigadores han señalado los múltiples beneficios que puede reportar el conocimiento ecológico de las sociedades tradicionales que han explotado el bosque, la agricultura y la ganadería para reforzar la protección de las áreas naturales y la mejora de la calidad de vida de los habitantes locales. Cada vez hay un consenso más general sobre la importancia del papel que las comunidades locales tienen que representar en cualquier proyecto que quiera desvelar los secretos del bosque, evaluarlos económicamente y conservarlos.

La reflexión global sobre la biodiversidad ha llevado indefectiblemente a considerar los conocimientos tradicionales sobre las plantas, corpus básico de la etnobotánica, como una parte indisoluble de esta disciplina, como ha sido reconocido sobradamente en el Convenio sobre la Biodiversidad. Además, estos conocimientos etnobotánicos pueden y deben ser usados para conseguir un desarrollo sostenible compatible con la conservación de la diversidad biológica.

En la sociedad actual, acelerada y frenética, las personas apenas tienen tiempo para reflexionar sobre el origen de los recursos que se utilizan en la vida cotidiana. A tal extremo llega esta situación que en el mundo urbano hay una parte importante de la población que no conoce más allá de las estanterías de los supermercados y comercios, incluso llegan a sorprenderse cuando descubren que las patatas hay que sacarlas de bajo tierra o que hay que sacrificar los animales de los que procede la carne que comemos. Ni que decir tiene que el conocimiento de que buena parte de los medicamentos proceden o están inspirados en compuestos presentes en las plantas silvestres es casi nulo.

«Las personas apenas tienen tiempo para reflexionar sobre el origen de los recursos que se utilizan en la vida cotidiana. En el mundo urbano una parte importante de la población no conoce más allá de las estanterías de los supermercados»

«Prácticamente todas nuestras actividades hacen uso de productos de la biodiversidad silvestre o cultivada. Dos terceras partes de la humanidad dependen de las plantas como principal fuente de medicinas»

https://metode.es/revistas-metode/monograficos/protegiendo-la-biodiversidad.html

MªÁngeles Pozuelo

Publicado en Flores en la pintura y artesanía con flores, plantas y árboles

Ilustradoras que aman las plantas y la naturaleza (XXXI) : María Hesse

Ha ilustrado uno de tantos libros dedicados a Frida Kahlo

Inspirado en las vivencias de la icónica pintora mexicana, Frida Kahlo, este libro ofrece un hermoso paseo ilustrado por su vida y su obra. Frida fue algo más que dolor y angustia. Quiso ser fiel a su arrolladora personalidad y se convirtió en una artista llena de vida.

Firda Kahlo. Una biografía

Libro de la semana: Frida Kahlo. Una biografía de María Hesse

https://koratai.com/resena/frida-kahlo-una-biografia-maria-hesse

El placer

Criada en una familia de clase media andaluza, María recuerda que solo una de sus amigas no hizo la comunión y que su educación sexual fue “cero patatero”, por lo que se tuvo que basar en rumores o mitos. Según la ilustradora, este déficit de información sobre la pluralidad de contextos sexo-afectivos está directamente influenciado por nuestra educación judeocristiana y genera un gran desconocimiento, culpa e incluso vergüenza.

Hesse condensa en el libro “una actitud ante la vida, una reivindicación indispensable, un camino de futuro: el placer”.

El libro está dedicado a “las mujeres de su vida”, es decir, a su madre, su hermana y su abuela, Hesse habla de la importancia de las amigas en el proceso de construcción personal y cómo han condicionado esta obra tras ponerse las gafas moradas. “Mi segunda educación fue la de mis amigas”.

https://www.publico.es/culturas/maria-hesse-mayor-organo-sexual.html

Libros

¡Viva la vida y vivan las amigas!

Flor en forma de clítoris que ilustra, entre otras, este artículo de el Diario El País

(No tengo espacio para colgar la flor)

https://elpais.com/elpais/2020/02/24/eps/1582549117_464105.html

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MªÁngeles Pozuelo