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Las conchas

Siempre había pensado que había más conchas en los litorales hace cuarenta años que ahora y probablemente esté en un error y la ausencia de conchas en el litoral se deba más al cambio de litoral que yo he hecho (del Sur al Norte) pues acaba de venir una amiga de Conil, Chipiona y Zahara de los Atunes y le ha sorprendido la cantidad de conchas que han encontrado, el mismo tipo de las de nuestra infancia y abundantes.

Las conchas me llevan de nuevo a Conil y veo que están no sólo en mi memoria sino también en la de mi hermana Pilar ya que ambas disfrutábamos de su recolección.

Recolectábamos conchas muertas para pasar el rato y para coleccionarlas y conchas vivas para comer. En este último grupo se sitúan las coquinas, molusco bivalvo perteneciente al orden veneroide, la “cañaílla” en andaluz o murex brandaris en latín. También comíamos navajas “Ensis”

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y bocas, estas últimas eran la pinza de un cangrejo y las encontrábamos en lugares enfangados. De todas ellas, la coquina era la más agradecida por la facilidad con la que la encontrábamos hundiendo ligeramente el pie y ejerciendo un movimiento circular y también por su abundancia. Como dice mi hermana Pilar “llenábamos el cubito” y mamá las cocinaba estupendamente.

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Las otras conchas tenían distintas utilidades, las más grandes que encontrábamos incluso con agujero, las usaban mis padres a modo de llavero para enganchar la llave del chozo de la playa sirviéndose de una cuerda o bramante. Estas podían ser lisas o rizadas, estas últimas podía ser o bien la “acanthocardia aculata o bien la candita “candiitas antiquata” o la “scapharca inaesquinalvis”. La lisa podía ser del tipo “dimiaria anisomiaria senopaleal”. Además, encontrábamos con frecuencia lo que llamábamos “cuernos” llamado correctamente” diente de elefante o dentalium inaequicostatum “ dicho de forma más ortodoxa.

Volviendo a las utilidades, mi padre solía usar las más feas o grandes procedente de las ostras, de cenicero.

También nos gustaban las conchas de nácar muy finas con forma de baberos llamadas “lucero o anomia simplex”.

Conchas ovaladas muy finas, pequeñas y rosáceas “gari depressa” y lisas y rayadas “tallerinas o tellina pulchalla.

La que dudo haber encontrado en Conil debido a que no las separé adecuadamente en el momento es el arca, “arca de noé”.

También había cipreas llamadas por mi madre “de calcetín”al parecerse al mismo cuando lo ponemos en la mano para doblar y lo cerramos en el puño para coserlo o zurcirlo.

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Entre los caracoles alargados, el más común y muy extendido en todos los litorales estaba la “torrecilla o tumitella acutángula”

Y uno de nuestros mayores entretenimientos era buscar las “habitas” (no documentadas) o tapadera del molusco de la caracola, muy usadas en joyería. Quizá el nombre proceda de su forma de grano de haba. Pilar, mi hermana, era la experta recolectora llegando a encontrarlas hasta del tamaño de la cabeza de un alfiler.Yo también era ducha en el tema. Parece que ella y yo teníamos una vista excepcional.

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Posteriormente, en los veranos en Cantabria, con mis hijos, lo que más hemos recolectado han sido orejas de mar

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Erizos y estrellas

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Hace unos días me enviaba Felipe Vila una imagen de anémonas de mar rebozadas y cocinadas. No he comido nunca erizos ni anémonas.

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Y hablando de, Felipe, este seguidor malagueño no puedo dejar de mencionar el espectáculo visual que me brindó el Mercado de Atarazanas en Málaga al lado del hotel donde me alojaba. Era un museo vivo de pescado y fruta.

Algunas imágenes me trajo muy buenos recuerdos de mis veranos de infancia. me chocó que lo que nosotros llamábamos, mal llamadas, “gúsanos”a lo que son las cañaillas o busanos.

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Un mundo apasionante el de las conchas

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Las conchas también decoran

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Estoy segura que muchos seguidores que viven en el litoral tendrán muchas historias en las que las conchas sean las protagonistas.

Mª Ángeles Pozuelo

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