Publicado en Hogar dulce hogar

Flores y sonrisas reflejadas que dejan huella

En la vida vamos dejando huella. Hay huellas de infancia como bien se describe en este texto que colgué en su día en mi otro blog, “Creciendo entre Flores”.

https://creciendoentreflores.wordpress.com/2016/01/27/rememorando-la-infancia/

Huellas de infancia

Los recuerdos de la infancia no sólo nos dejan una huella imborrable sino que también quedan reflejados en nuestra personalidad.

Todos para bien o para mal, recordamos situaciones pasadas y en concreto de nuestra niñez Además de conectarnos con la infancia. Los recuerdos tienen mucho que ver con la forma como nos sentimos y comportamos en el presente. Todo el mundo tiene recuerdos, incluso aquéllos que dicen no recordarlos (Mónica Jiménez, psicóloga Clínica, H. Ramón y Cajal)

Construir la propia biografía

A pesar de que, en ocasiones, podemos tener la seguridad de rememorar instantes de nuestra más tierna infancia, los recuerdos biográficos más antiguos se sitúan entre los 2 y 3 años. Sobre la base de los recuerdos biográficos se forma el sentido del yo y de lo que cada uno siente que es. Eso no quiere decir que siempre sean recuerdos verdaderos, ya que pueden ser interpretaciones subjetivas de la realidad vivida o, incluso, imaginada como vivida. Es frecuente que entre hermanos se recuerden cosas diferentes de los hechos vividos en común, incluso, a veces, con interpretaciones discordantes u opuestas. Es decir, los recuerdos ayudan al desarrollo de de nuestra identidad psicobiográfica. Pero ésta también influye en la creación de recuerdos subjetivos.

En otras ocasiones experimentamos sensaciones difusas de recuerdos vividos, a los que después añadimos datos por los familiares o fotografías. En esta caso, generamos lo que se denomina “recuerdo a posteriori”. Incluso puede que algún recuerdo ya existente sobre nuestra infancia cambie de significado, vivencia o sentimiento. Suele suceder cuando años después, recibimos información y eso nos hace revivir el recuerdo en el presente y resignificarlo. Desde este momento , la vivencia del recuerdo es nueva y diferente

Según Jiménez, un entorno estable emocional y afectivo en esos primeros años del desarrollo psicobiográfico, resulta crucial.

Según José Manuel Aguilar, psicólogo Clínico, aquello que recordamos de la niñez, ejerce un valor indiscutible. El presente y el futuro se construyen sobre el pasado. Rememorar ese pasado en la edad adulta, especialmente en los momentos de incertidumbre o dolor, es un tesoro personal y una fuente de salud psicológica.

Esos recuerdos quedan plasmados en imágenes fotográficas que al igual que un olor o una música nos transporta en un iisntante a la experiencia vivida.

La foto que encabeza la entrada de mi hija mayor, Nuria, tan alegre y expresiva me inspiró esta entrada y colgué otras imágenes que rebotan en un espejo o que traslucen tras un store.

       

MªÁngeles Pozuelo

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